El Gobierno de Mariano Rajoy tiene problemas de comunicación. Desde las contradicciones entre los ministros económicos y las correcciones de la vicepresidenta, hasta el anuncio de un nombramiento que luego no se acepta, son bastantes los casos en que el nuevo Ejecutivo muestra que le falta una política de comunicación. O quizá mejor un director de Comunicación, que coordine la información dada por los diferentes ministros. Es una tarea de la vicepresidenta de todo, pero resulta muy difícil llegar a todas partes.
Con todo, no son sólo las manifestaciones públicas las que hacen comunicación. También los silencios son comunicación. Como dice mi amigo Dionisio, la comunicación no acepta el vacío. Lo que no se dice por un lado se llena por el otro y lo que no dice el Gobierno, lo dice la oposición. Por eso decíamos que este Gobierno debe acertar en sus medidas, debe hacerlo muy pronto y siempre, siempre, debe explicarlas.
Sobre todo cuando las medidas no se corresponden con las promesas hechas anteriormente, como en el caso de la subida de impuestos. O cuando se retrasan porque al parecer importan más las elecciones andaluzas, o por lo que sea. Tampoco es admisible que diga el presidente del Gobierno que no hará declaraciones hasta el 30 de enero, porque las circunstancias exigen informar mucho. Y llega un momento, de visita en Portugal, en que hace declaraciones que son elevadas por los periodistas a la categoría de muy importantes, lo que es natural si no hay otras.
Pero entonces, ¿qué piensa un ciudadano español?: ¿Es que no merecemos que se nos diga la verdad sobre la situación? ¿Es que no se nos debe una explicación, después de los esfuerzos que vamos a soportar? ¿Es que somos niños pequeños que no vamos a entender? Porque entonces se explicarían las muchas informaciones que se dan a los mercados y las pocas que se dan en casa.
Por eso creo que el Gobierno, que tiene derecho a recibir un plazo de confianza, debe explicarse y comunicar más y mejor. Porque la confianza no es ciega, ni es bueno para las intenciones del Gobierno que los ciudadanos no sepan cuáles son sus objetivos, las medidas que va a adoptar y las razones para esas medidas.
Los hechos son muy ilustrativos pero pueden ser mejor entendidos si se interpretan con las causas y los propósitos.
CARLOS SANCHO
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