Agresividad | ÁNGEL OLASO

Se dice “tiempos revueltos” y de cambio, y nosotros estamos de acuerdo. Los etólogos observan cómo el animal irracional marca su territorio y selecciona al más fuerte para la perpetuación de la especie, y cómo mezcla su comportamiento sexual y agresivo con un seductor cortejo (muerde a la hembra y la acaricia, y luego lucha contra los suyos). El hombre, animal racional, social o político, crea pautas de comportamiento que ritualiza, de modo que la agresión queda sublimada o anulada.

Sin embargo, la agresión psicológica que existe en el hombre y después la física es la manera de afirmarse a sí mismo como respuesta ante una frustración. De la agresión a la delincuencia hay un paso, y a la violencia otro paso. El incremento de la agresividad nos conduce en muchas ocasiones a la criminalidad. La criminalidad es un fenómeno social universal y un arquetipo de la delincuencia. Sus protagonistas en el País Vasco tratan de explicarnos lo inexplicable diciendo: primero, que la agresión o la violencia es una respuesta a la falta de libertad de un pueblo que tiene derecho a decidir; y segundo, que se trata de una contestación violenta a un conflicto político irresuelto. Son dos sofismas. Por eso, enseguida hay que decir que la sustitución de la palabra por el hierro homicida supone una carencia de argumentos.

Me explico: el primer sofisma se deduce porque los crímenes que se han cometido en nombre de la democracia son execrables y tan antiguos como la vida misma y no son consecuencia de la falta de libertad, sino al contrario: la libertad permite que haya una acción constante de la sociedad. Caín mató a Abel y fue el que inauguró el primer asesinato del mundo y desde entonces hasta nuestros días todos los asuntos que se ventilan a través de las conquistas de tierras y riquezas, de racismos, de religiones o de separatismos y anexiones territoriales, de imposición de dinastías o de regímenes políticos son Historia permanente de crímenes de la Humanidad. No hay originalidad.

Sólo Judas fue el creador de una nueva técnica en aquellos humildes tiempos al traicionar a su Maestro para que le mataran crucificado por una bolsa de denarios. Ahora, llámenle impuesto revolucionario. Las técnicas y los tecnicismos modernamente han variado, sin embargo, seguimos siendo igual de crueles y cobardes porque los hombres actuales, los separatistas, sueñan que están en una guerra inexistente, como el buen Cervantes escribía de don Quijote contra los molinos de viento, y matan porque mienten. Digo esto porque no hacen la lucha en la primera línea de fuego, sino por la espalda a un civil o militar, que almuerza en un restaurante, que pasea por La Concha, desde unos matorrales, en medio del bullicio de un carnaval o por sorpresa con una bomba lapa o con explosivos potentes de un coche-bomba, dando igual que sean niños o ancianos, hombres o mujeres. Pero, eso sí, a estas inocentes víctimas hay que compararlas en su valoración con esos que han aumentado el índice de criminalidad de este país. Todo muy macho según el actualizado lenguaje coloquial. Todas las víctimas de todas las violencias iguales.

Con esto no trato de criminalizar al nacionalismo. No. Pactamos con ellos cuando procede y vivimos y convivimos con ellos con frecuencia sin ningún problema. Criminalizamos a los nacionalistas revolucionarios que han cometido hasta ahora delitos gravísimos y atentados contra la seguridad de las personas, contra sus bienes, contra su economía, tratando además de eludir sus manifestaciones de criminalidad ante los jueces. No se trata de criminalizar a nadie por sus ideas. Lo he dicho y escrito varias veces, pero de tanto repetir que los no nacionalistas criminalizamos a los nacionalistas termina por parecernos a todos que es verdad. Por tanto que quede muy claro nuestro pensamiento. Lo mismo que se reclama acerca de la dispersión de los presos. No se quiere recordar que fue un acuerdo adoptado por el ministro de Justicia don Enrique Múgica de acuerdo con el presidente del EBB señor Arzallus.

Pero además, los crímenes se han realizado porque las armas han estado solamente en esa “guerra” al servicio de uno de los lados, obligando a la autoridad legal competente para defender a todos esos ciudadanos inocentes al uso irremediable de la violencia física. Es verdad que esta violencia policial aun queriendo ser justa en sus límites no lo ha sido ni lo es, porque la imperfección del sistema, aún siendo el mejor, cuando no hay confrontación armada en igualdad conlleva que no existen leyes ni jueces ni tribunales que intervengan correctamente. No obstante se ha sancionado a numerosos policías, guardias civiles, ertzainas, mossos de esquadra que se han extralimitado en su función.

Frente a ello, hay en el País Vasco 400 crímenes sin conocer sus autores porque pertenecen a esa criminalidad oculta de la llamada crónica negra de la política y de la justicia. Se calcula que existen un 30% de homicidios pasionales o de género, un 90% de abortos y más de un 50% de atentados que se ocultan o se desconocen por implicación de la Policía, por miedo o por encubrimiento intencional de amigos y familiares. Nada que ver con la libertad individual lograda sacrificadamente tras el franquismo.

Por otro lado, el secretario general de EA señor Urizar acaba de manifestar públicamente que “hay que avanzar para que los presos cuanto antes estén en casa según la Ley”, y además apuesta “por el reconocimiento de las víctimas de “todas las violencias” y que se sepa la verdad de todos los casos” y añade que “no se puede trasladar que una vez que desaparezca la organización el problema vasco ha terminado”. Creo que con lo analizado anteriormente, de verdad estas declaraciones son de una debilidad argumental sin precedentes. Es decir, nos anuncia con amenaza velada que el problema vasco en cualquier circunstancia no ha terminado, por lo que si no se traducen en éxito las propuestas radicales de ETA, los terroristas pueden volver a las andadas. Pero no nos dice cómo va a alcanzar la credibilidad democrática, si todo lo hacen por imperativo legal o por convicción o por una situación de ansia de dominio territorial y lingüístico, como revolución cultural y nacional, como el “gran salto hacia delante” (Mao), lo que hace muy difícil que no sean vistos con perpetuo recelo, ya que Bildu y Amaiur siguen empleando sus tres instrumentos fundamentales: 1) la ideología marxista-leninista; 2) el poder de las armas todavía no entregadas; y 3) el logro del centro de la política nacionalista (no el extremo como hasta ahora, aunque sean extremistas), al modo de la araña que se sitúa en el centro de su trabajosa tela. Así que ¡ojo! Que el problema vasco no ha terminado con lo que el conflicto tampoco.

Esta aseveración constituye el segundo sofisma. Debemos preguntarnos, ¿qué es lo que no ha terminado y por qué? O más bien, ¿es que termina el problema vasco sin que se haya cumplido su hoja de ruta? No la hoja de ruta de la democracia plural del País Vasco sino la suya, totalitaria. Basan su verdad en la existencia de un conflicto. Y no es verdad que el conflicto exista en el País Vasco. El conflicto entre Euskadi y el Estado es de los nacionalismos y los nacionalistas. Nosotros no estamos en el conflicto, sólo queremos que se nos respete a las personas sin coacción alguna e igualmente a nuestras instituciones. La tregua actual, como otras anteriores, lo diga el señor lehendakari o el señor Eguiguren, que dicho sea de paso sigue escoltado a pesar de impulsar “su paz”, no es la paz, porque la paz hay que ganarla día a día y si el problema vasco no ha terminado, no estamos en la paz porque faltan hechos importantes. Aparte de la preocupante economía, nos falta por saber si se ha ayudado a las familias de los que asesinaron a Yoyes, a Pertur o a los tres gallegos que desaparecieron en Hendaya torturados con punzones en los ojos, o cuál ha sido la causa de la muerte de Txomin Iturbe, que oficialmente se estrelló en el único árbol que había en todo el desierto de Argel, y de todos los cuales nada se ha sabido. Y seguimos preguntándonos, ¿cuándo va a llegar el reconocimiento de todas las víctimas asesinadas por ETA? ¿Cuándo seremos la vigésimoctava nación de la UE con nuestras reservas de eusko-euros, o con el respaldo de nuestros pozos de petróleo o los lingotes de oro almacenados en Ajuria Enea? No se trata de una broma pesada. Se trata de desmontar las falacias que arteramente nos vienen propagando, sobre todo, cuando el conflicto propio nos lo quieren endosar a los que no estamos en conflicto.

En resumen, el origen del conflicto tiene muchos factores condicionantes: falta de principios morales, escasez de equipamientos socioculturales en Humanidades, Idiomas, Religión, etc.; una excesiva demografía en la pirámide social, medios de masas abundantes en basura con apología del sexo y la agresividad, industrialización excesiva sin cualificación profesional adecuada (ahora se están dando pasos gigantes en I+D), además de otros factores circunstanciales: el egoísmo, la vacuidad, la incultura, la estupidez en el comportamiento tipo “¡somos los mejores!”. Se trata en definitiva de una conducta antisocial y aberrante de determinado sector de la sociedad vasca, que padece una situación conflictiva de estructura claramente patológica y que no admite la vía del conocimiento.

ÁNGEL OLASO

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ANGEL OLASO

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